Agosto 16, 2017
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Las Cuatro Piedras Angulares de la Misión

1. CONSAGRACIÓN

1.1 INTRODUCCIÓN: SIGNIFICADO DE LA CONSAGRACIÓN

consagracionLa Consagración es el ofrecimiento personal de uno mismo y de todo lo que tenemos a Dios. En nuestra Misión, esta consagración es inicialmente a través de la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María. Es un compromiso a cambiar…. personalmente. La Renovación diaria de esta Consagración y la gracia que esta contiene nos ayuda a aceptar la Voluntad de
Dios en nuestras vidas día tras día.

Necesitamos entender que la vida es un regalo de Nuestro Padre, y que debemos, como sus hijos, ir en busca de este significado.

“Ahora, si escuchan mi voz y observan mi alianza, serán mi propiedad exclusiva entre todos los pueblos, porque toda la Tierra me pertenece. Ustedes serán para mí un reino de sacerdotes y una nación que me está consagrada. Estas son las palabras que transmitirás a los israelitas” (Éxodo 19, 5-6).

La Consagración a través de una preparación consciente abre la puerta a la conversión…, este cambio personal que se necesita tanto en la mayoría de nosotros en estos tiempos.

En nuestro bautismo, para aquellos que somos católicos, recibimos libremente el primer Sacramento del perdón del pecado original. La mayoría de las personas reciben este don cuando son niños, sin el propio entendimiento de este gran regalo. Al crecer, nuestra gracia va decayendo en la mayoría de los casos, al no entender realmente quiénes somos y es así que la concupiscencia del mundo nos sobrepasa. Al ser el bautismo el comienzo de nuestra consagración cuando somos niños, empezamos después nuestra búsqueda como adultos; a través de nuestro libre albedrío, con conocimiento, completo entendimiento y deseo de restaurar dentro de nosotros la semejanza a Dios que hemos perdido a través de Adán y Eva. Es el deseo de regresar a Dios en todas las cosas lo que crea en nosotros esta necesidad de consagrar todo lo que somos y todo lo que tenemos a Nuestro Padre. Es establecer una relación de alianza con Dios, que viene del Espíritu Santo y nos une al Sagrado Corazón y a través de Él, al Inmaculado Corazón, siendo ahora nuestros maestros que alimentan el deseo de amar a Dios con todo nuestro corazón (lugar de la alianza), con toda nuestra alma y con toda nuestra mente. Este es un compromiso muy serio.

Cuando nos consagramos a Dios, se establece un pacto entre el Padre y su hijo. Es un acto que nunca será quebrantado por Dios. Es un vínculo de amor y protección. En esta Misión comenzamos nuestro viaje de regreso al Corazón de Dios (dentro de los tres diferentes niveles de la Misión), primero a través de un acto de consagración en una Misa de Consagración.

Entonces, renovamos esta consagración cada día mediante las oraciones matutinas de la Misión. Este es nuestro compromiso diario con esta alianza, como hijos e hijas de Dios hechos a su imagen para un cambio personal.

Es a través de la oración y a través de su amor que podemos restaurar dentro de cada uno de nosotros su semejanza, la cual es el amor de Dios.

En el Éxodo, vemos a Dios pidiendo a todos los hombres de Israel que se consagraran a sí mismos y a sus familias a Dios al prepararse para el viaje hacia el desierto. Aunque Egipto para los Judíos era un lugar de experiencias amargas, de todas formas era un lugar conocido para ellos, comparado con el vasto desierto y lo desconocido que estaba frente a ellos. Egipto era una tierra que estaba maldita.

Cuando el tiempo fuese propicio para que el plan de Dios fuera conocido, Él sacaría a su gente fuera de ese lugar maldito guiándolos a una nueva vida a la Tierra Prometida.

Cada mañana, cuando la gente se despertara y el rocío hubiera desaparecido, aparecía el maná, el pan de Dios que viene del Cielo para alimentarlos; y cada noche, la gente sería testigo de la presencia y promesa de Dios a través de la columna de fuego que se posaba sobre la Tienda del Arca de la Alianza, los Mandamientos de Dios, confirmando el pacto entre Dios y sus hijos. Si solo sus hijos lo aceptaran. La similitud de esos tiempos con los de hoy, no es diferente. Hemos sido llamados una vez más por el Padre a vivir sus Mandamientos y dejar atrás las cosas del mundo que se están convirtiendo en malditas por estar abandonando a Dios. Estamos viendo la necesidad, una vez más, de dar un paso de fe a una vida nueva.

Como los hijos escogidos de Dios para estos tiempos, en donde el mundo está cayendo más y más en este desierto de abandono, necesitamos establecer este mismo pacto con Dios Padre como lo hicieron aquellos hijos escogidos de Dios para esos tiempos.

La pregunta hoy en día es:”Somos hijos de Dios o hijos de este mundo?”. Si la respuesta es que somos hijos de Dios, entonces tenemos que comenzar a actuar como tales en todo lo que hacemos y en todo lo que somos.

Si declaramos que somos sus hijos, debemos ser sus hijos siete días a la semana, cada hora de cada día…, nada menos que eso. Respecto de los Diez Mandamientos…, necesitamos obedecer los diez y nada menos que eso. Necesitamos entender que no podemos entrar en esta guerra entre el bien y el mal que se está librando en este mundo sin el Amor de Dios. Necesitamos consagrarnos a su amor y protección. Necesitamos orar desde el corazón, regresar a los Sacramentos y ser testigos de su amor y misericordia a través de buenas obras.

Al comenzar este viaje hacia el Corazón de Dios…, por el Amor de Dios, escuchamos Su voz llamándonos a través de la Sagrada Escritura:”Si mi pueblo, sobre el cual es invocado mi Nombre, se humilla, rezando y buscando mi rostro y se vuelven de sus malos caminos,
yo entonces los oiré desde los cielos, perdonaré sus pecados y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7:14).

Es tiempo de que cada uno de nosotros declaremos que somos parte de un mundo que está perdiendo su camino. ¿Somos hijos de Dios o no? Si respondo que “Sí”, entonces tengo que hacer todo lo que esté en mi poder para honrar y respetar esa relación, esa responsabilidad. Mi primer acto, de libre voluntad, es consagrarme a mí mismo y a mi familia a este amor y protección que Dios Padre nos promete. Sólo de esta manera tendré las armas necesarias para entrar a esta guerra que nos rodea, el arma de la oración de los consagrados.

La Misión enseña, a través de varios métodos, la importancia, la historia, el entendimiento, el conocimiento y la necesidad de cada individuo y cada familia de consagrarse a Dios a través del Sagrado Corazón de Jesús y del Doloroso e Inmaculado Corazón de María.

En el Segundo Nivel de la Misión, nos consagramos al Casto Corazón de San José, el Patrón de la Familia. La familia, hoy en día, está siendo atacada en cada área de su vida diaria. San José es también el Guardián de la Iglesia y en estos tiempos la Iglesia está sufriendo ese mismo ataque implacable.

En el nivel más alto de la Misión (el tercero), se les enseña a los fieles consagrados una comprensión más intensa que se centra en la creación de una alianza duradera con Dios Padre a través de la consagración a Él, su significado y las promesas de Dios a todos quellos que se vuelven de sus caminos pecaminosos y regresan a Él en todas las cosas incluyendo sus Mandamientos.

La Misión ayuda a la gente a ver lo que está sucediendo en el mundo y a entender que cada uno de nosotros debemos decidir. No podemos servir a dos amos. No podemos ser hijos de Dios en un momento y cuando sea conveniente hijos del mundo en otro momento. No podemos ser tibios, a menos que nos arriesguemos a ser escupidos de la boca de Nuestro Señor.

En el Primer Sábado de cada mes, en las iglesias de áreas designadas y en las diócesis participantes se lleva a cabo una Misa de Consagración, para aquellas personas que quieren profundizar su relación con Dios y que han comprendido el compromiso y el cambio personal requerido para comenzar a regresar a Dios Padre dentro de su diario vivir.

En el Manual de la Misión se encuentran la preparación para las consagraciones y sus oraciones.

Manual de Consagración de la Misión Descargar

2. METANOIA

2.1 INTRODUCCIÓN: METANOIA CAMBIO PERSONAL

metanoiaMetanoia (Met-uh-noi-uh) una profunda transformación espiritual una conversión o despertar, un cambio fundamental de carácter un cambio de mente—despertar… ‘Haz que volvamos a Ti, Yavé, y volveremos. Haz que seamos de nuevo lo que fuimos antes’.
(Lam. 5:21) La obsesión del hombre en hacer lo que quiere cuando quiere y la ilusión de libertad, resulta en un viaje hacia las cosas de este mundo que pone en riesgo nuestro destino como coherederos del Reino de Dios. Sin embargo, es a través de este viaje de la Libre Voluntad que comprendemos que no estamos completos sin Dios y Su amor en nuestra vida diaria. Entonces, nos damos cuenta de que debemos declararnos ante Dios como Sus hijos arrepentidos. El proceso de volver a la protección y la unidad con Nuestro Padre es aquel viaje de círculo completo, donde la Gracia de Dios es siempre el instrumento. Su amor siempre llama suavemente a Su hijo.

Tenemos que entender el camino a la conversión, que es un cambio en nuestro corazón hacia Dios. Debe ser paso a paso porque es una transformación radical de nuestra vida. Tenemos que decidir con todo nuestro corazón dejar de ofender a Dios en todas las cosas, a morir uno mismo y a las cosas de este mundo. Estos despertares iniciales de conciencia deben ir acompañados poco después por un dolor del espíritu y un corazón compungido.

Es un deseo sincero y contrito de ser uno con Dios. En Su gran amor por cada uno de nosotros, É l nos dará ese nuevo corazón, esa nueva vida con É l para quienes lo llaman desde el desierto: “Sálvame, ¡Oh! Señor, porque soy un pecador”. Es Dios quien nos hace darnos cuenta de nuestra distancia de Él y nuestra necesidad de buscar Su misericordia y amor. Es ese amor el que restaura todo y nos da la fuerza diaria para rechazar el mal y la maldad de este mundo y sus trampas, falsedades y engaños. Que no nos separemos nunca más de É l, es el grito del hijo que se perdió, pero ha sido encontrado.

Es por eso, que en esta Misión, le pedimos a quienes son católicos que asistan a misa y reciban a nuestro Señor diariamente en la Eucaristía (en estado de gracia) mientras somos reconciliados con Dios a través de las acciones salvadoras de Cristo. La reconciliación con Dios y un proceso diario de conversión a través de la Eucaristía nos protege y libera de aquellas ofensas contra el amor de Dios y nos fortalece contra el pecado mortal.

Cuando oramos, hacemos obras de caridad, leemos la Biblia, todas estas cosas ayudan a establecer nuestro hogar en la eternidad, refuerza el proceso de conversión y nos ayuda a darnos cuenta de la necesidad de orar por el don de la perseverancia.

En esta Misión comenzamos por reconocer que somos Su hijo. Existimos por el amor que nos tiene Dios y ahora estamos siendo tocados por ese mismo amor para encaminar nuestras vidas de vuelta a Él libremente cada día de nuestra vida. Con este entendimiento encontramos la gran necesidad de clamar a Dios y de reparar esas ofensas que hemos cometido contra Él, consagrándonos a nosotros mismos y a nuestras familias a Él en todas las cosas. A través de esta alianza es nuestro deseo consciente, como una gracia recibida gracias a nuestra consagración, el dejar de ofender a Dios. Nuestra conversión, nuestro cambio, comienza a partir de aquí, aceptando libremente que Dios existe y es nuestro Padre, y Su amor por nosotros es el centro de nuestra vida cotidiana y de nuestra existencia.

Amar a Dios con todos nuestros corazones, todas nuestras almas y todas nuestras mentes es el logro de una vida como un hijo de Dios. Entonces y sólo entonces podremos entender la manera, la necesidad, la llamada a la ciudadanía de los Cielos, a la Eternidad…, a amarnos los unos a los otros. Entonces Metanoia, Despertar Espiritual, Cambio Interior, es decir, una Conversión, es el siguiente paso de la alianza con Dios, después de Consagración, que se establece a través de esta Misión.

A continuación se encuentran algunas herramientas de gran utilidad para alcanzar esta Metanoia.

2.2 LECTURA DIARIA DEL OFICIO DIVINO

¿QUÉ ES EL OFICIO DIVINO?

“Desde antiguas é pocas, la Iglesia ha tenido la costumbre de celebrar cada día la Liturgia de las Horas. De esta manera, la Iglesia cumple con el precepto del Señor de estar en oración permamente, de modo que a su vez, se ofrezca un elogio a Dios Padre y se interceda por la salvación del mundo”. – Oficina de la Congregación Sagrada para el Culto Divino.

La Misión “Por el Amor de Dios en todo el Mundo, promueve entre sus miembros la práctica de esta devoción como parte de su vida diaria espiritual.

Para más información sobre “Oficio Divino” favor visitar la página http://divineoffice.org/

2.3 LECTURA DIARIA SOBRE LA VIDA DE LOS SANTOS

por Rev. A Butler

A través del estudio de la vida de los santos, llegamos a conocer lo que tantos hombres y mujeres, de carne y hueso como nosotros, llegaron a hacer por amor a Dios. Su ejemplo, no podrá menos que producir en nosotros un sentimiento de humildad y nos ayudará a poner los pies sobre la tierra. A través de la lectura de la vida de estas santas personas, nuestra alma irá despertando esa consciencia de cuán poco hemos hecho y cuánto podemos aún hacer por Dios. San Agustín se decía a sí mismo: “Mi Dios, cuando medito sobre el ejemplo de estos Tus siervos, termino consumido por mi tibieza e inflamado de Tu santo amor”.

2.4 ECLESIOLOGÍA:

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y cada uno de nosotros tiene una función y un papel dentro de ese cuerpo. Todos los católicos deben comprender las enseñanzas oficiales de la Iglesia Católica a la luz de la verdades que se encuentran en las Sagradas Escrituras, Sagrada Tradición y Magisterio de Vida (Catecismo de la Iglesia Católica). “Por su relación con Cristo, la Iglesia es un tipo de Sacramento de íntima unión con Dios, y de unidad con la humanidad, es decir, que es un signo e instrumento de esa unión y de unidad”. Lumen Gentium

2.5 LECTURA DIARIA DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS

CRISTO – LA PALABRA ÚNICA DE LA SAGRADA ESCRITURA

3. ORAR CON EL CORAZÓN

3.1 INTRODUCCIÓN:¿QUÉ SIGNIFICA ORAR DESDE EL CORAZÓN?

oracion-corazonLa vida de los fieles debe ser de acuerdo con Cristo en el Espíritu Santo para gloria de Dios Padre. El requisito de este misterio es que los fieles crean en É l, lo abracen, que aspiren y reciban de É l un aliento extraordinario que permite que exista una verdadera e íntima relación con Dios. Esta relación, según las enseñanzas de la Iglesia Católica, es la oración.

La oración del corazón es la manera de los humildes para rogar a Dios que escuche nuestras palabras cuando admitimos que no somos dignos o capaces por nuestra falta de humildad, entre otras cosas, de acercarnos a Dios, pero clamamos confiados que nuestro llamado, cuando se envía desde el lugar donde reside Dios, que es el corazón, será escuchado por Él.

El Padre mora dentro de nosotros con un amor que espera nuestro llamado a Él en la fe, la esperanza y la confianza. Cuando nuestra oración se construye capa por capa por estos elementos, el resultado es una relación con Dios que sólo la oración de amor de un hijo a Su Padre puede obtener. Por eso la oración debe ser del corazón. Si nuestros corazones están lejos de Dios, la sinceridad de nuestras palabras no puede contener los elementos esenciales necesarios para que esa relación exista y nuestras oraciones son palabras con poco o ningún valor.

El corazón es donde habita Dios. Así como Él conoce cada cabello de nuestra cabeza, así también Él es el único que puede sondear las profundidades de nuestro corazón. No podemos escapar de ninguna manera del espejo de Dios, cuando nos miramos en Él. Aunque nos viremos como podamos, Su mirada en nuestro corazón es absoluta y verdadera.

Como es el lugar en que mora Dios dentro de nosotros, es también, por esta razón, el lugar de la verdad. Es el lugar que nos hace a todos lo que somos, todo lo que seremos. Este lugar es diseñado por Dios dentro de Su hijo.

El corazón es el lugar de encuentro con Dios.

En esta Misión enseñamos: ”Ve ahora y abre la puerta hijo mío, entra en este lugar que he hecho para que te encuentres con tu Padre.

Cierra la puerta detrás de ti y llámame desde este lugar, tu corazón, y Yo vendré”. Como imagen y semejanza de Dios (una vez perdida, pero por medio del deseo de cambiar, es encontrada de nuevo) estamos ahora en un lugar de relación con Dios, la oración, desde lo profundo del corazón. Es el siguiente lugar en que encontramos una alianza que se está estableciendo… Oración del Corazón.

Pedimos a todas las personas dentro de esta Misión, que oren diariamente los Misterios Dolorosos del Rosario. Ofrecemos intenciones especiales que utilizan la Pasión de Cristo y Sus Heridas, como el arma contra esos elementos y fuerzas en nuestras sociedades que están causando la mayor destrucción en nuestras vidas y en la vida de nuestras comunidades, ciudades y países.

Los más grandes místicos de La Iglesia Católica han dicho que uno de los más profundos entendimientos del Amor de Dios por Sus hijos está contenido dentro de la Pasión de Cristo. Pedir el don de la comprensión de la Pasión de Cristo es uno de los momentos más significativos en la vida de un cristiano.

Poder caminar diariamente con Nuestro Señor (por así decirlo) en estos misterios, es el inicio único de un Amor a Dios permanente a través del sacrificio de Su Hijo por el amor de Sus hijos. Caminar cada día desde nuestro corazón en unión con Jesús nos lleva a un nuevo entendimiento de Dios y de Su plan de redención y salvación para la humanidad.

En nuestro rezo diario de los Misterios Dolorosos, invocamos la memoria de Jesús en un determinado momento de Su Pasión. Nosotros entonces, le pedimos que nos permita colocar profundamente dentro de cada una de Sus Heridas sufridas en Su Pasión (en cada decena) un elemento de nuestra sociedad que más afecta nuestras vidas diarias.

A continuación, colocamos a estas personas profundamente dentro de estas heridas sagradas y en unión con Nuestro Señor Jesús, sellamos estas personas a Su cuidado y compasión, con Su Preciosa Sangre. Luego atamos en el Nombre de Dios todo mal para que no siga corrompiendo a estas personas, e invocamos la Justicia Divina de Dios, pero especialmente Su Divina Misericordia sobre ellos.

También pedimos ‘Oración Comunitaria’ una vez por semana en grupos dedicados a orar estos Misterios Dolorosos de la Misión y a orar por la conversión y la paz de cada país y la gente de los países en que está la Misión y por el Mundo.

La Misión, como se indicó antes, sólo tiene dos oraciones principales que pide que se recen diariamente…Los Misterios Dolorosos según se explicó anteriormente y las Oraciones Matutinas de la Misión. La Oración de la Mañana empieza nuestro día aún antes de levantarnos de nuestras camas en la mañana.

Empiezan nuestro día reconociendo y agradeciendo a Nuestro Padre, el Padre de Toda la Humanidad, por todas las muchas cosas que Él nos da y nos concede. Las oraciones comienzan por decirle a Nuestro Padre que lo amamos y le pedimos que nos ayude a amarlo con todo nuestro corazón, alma y mente. Seguidamente le entregamos a Dios nuestra Libre Voluntad en ese día y le pedimos que la reemplace con Su Divina Voluntad y que nos muestre lo que Él desea que hagamos ese día y nos ayude a lograrlo cada día. Entonces agradecemos a Nuestra Madre y le damos nuestro amor a Ella y a Nuestro Señor y renovamos nuestras consagraciones a Sus Corazones. Por último, oramos por la intercesión de San José y el Arcángel San Miguel, los Ángeles y los Santos.

3.2 ORACIÓN INDIVIDUAL

El poder de la oración no tiene fronteras y no se basa en lo que pienso, en mi debilidad, en mi propio conocimiento o en mi habilidad para hacer que cualquier persona lo entienda.

El poder de la oración del corazón para otro se basa en algo que va más allá de mí. Se basa en la semejanza de Dios que es Amor. Es un arma que cuando es usada por amor entre unos y otros, se transforma en una fuerza muy poderosa que Dios utiliza para aquellos en necesidad. La entrada de Dios en el corazón del otro a través de nuestra petición, no conoce fronteras, porque no existe nada ni nadie más grande que Dios.

En el Manual de la Misión esta sección se explica con más detalle.

4. BUENAS OBRAS

4.1 INTRODUCCIÓN

buenas-obrasLa Caridad es el más grande mandamiento social. Nos lleva a una vida de justicia y de don de nosotros mismos: ”El que intente salvar su vida la perderá; y quien la pierda, la conservará” (LC 17: 33).

Si la oración no va acompañada por buenas obras, se crea un desbalance. Le pedimos a cada persona que entienda las cosas que están sucediendo en el mundo hoy y que reconozcan que a menos que “los Hijos de Dios” despierten del sueño en que está el mundo, que este mundo está a punto de dar un salto cuántico hacia un abismo y lejos de su Creador. Lo que solía ser escándalo ya no se considera alarmante. Nosotros mismos nos hemos entorpecido, aceptando lo que sabemos está mal. “Los Hijos de Dios” se han quedado callados.

De alguna manera lo que está mal se ha convertido en lo que está bien. Esto es tan común ahora que estamos cerrando nuestros ojos, aceptando lo que sea que esté sucediendo.

Las tradiciones, valores, moral y ética que una vez consideramos como la verdad probada por el tiempo, son ahora motivos de risa y adaptados a los gobernantes de este mundo; los medios de comunicación, el dinero, el poder/control, la lujuria, la perversión, el egoísmo, los dioses de la belleza, celebridad, marcas…, todos los llamados dioses de este mundo. ¿Dónde está el único Dios, el Padre de Toda la Humanidad? Al Señor Tu Dios lo están sacando fuera de nuestras leyes, nuestras vidas y nuestro pensamiento diario. ¿Pero dónde recae la culpabilidad real de esto? Recae en nosotros, Sus hijos, porque estamos callados, con miedo de hablar. Como resultado estamos pervirtiendo nuestra naturaleza humana y nuestra autoridad moral.

Como “Hijos de Dios” ya no podemos temer esta creciente montaña del mal que ha crecido a tal altura que como individuos creemos es muy grande para hacer algo al respecto.

Nos estamos acercando a un punto de resignación sumisa que nos está llevando a una encrucijada. O hacemos algo ahora o muy pronto seremos controlados en cada aspecto de nuestras vidas al punto que habremos perdido nuestra “Libre” Voluntad. Entonces, es sólo cuestión de tiempo hasta que reduzcamos lo que fue una vez un paraíso en una pila de escombros.

Debemos entender que como “Hijos de Dios” es posible lograr cualquier cosa que tengamos que hacer, unidos como una sola voz bajo Dios. Debemos declararnos como Sus hijos, y entonces, nada es imposible, ya que nadie es más grande que Dios. Como Sus hijos podemos hacer milagros si tan sólo creyéramos, confiáramos, tuviéramos esperanza, si tan solo tuviéramos la fe de una semilla de mostaza.

Esta es “Nuestra Misión”; el poner fin a nuestro silencio y complacencia, que es nuestra próxima Alianza con Dios. A través de esta declaración de emancipación pasamos del “hombre viejo al nuevo”. Nos declaramos como el hijo o la hija de Dios. Nos consagramos a nosotros mismos, todo lo que tenemos, todo lo que somos al amor y la protección de Dios, Nuestro Padre, a través de la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús, el Doloroso e Inmaculado Corazón de María y el Corazón Casto de José. Creamos consciente y libremente una Alianza eterna con Dios que nos permite iniciar el camino a la conversión.

A través de la oración del corazón y, como católicos, con los sacramentos de nuestra Iglesia, nos fortalecemos diariamente para entrar en esta guerra del bien contra el mal y participamos en esta batalla cada día a través de las buenas obras. Esa es nuestra Misión, la misión de todos los “Hijos de Dios” de ser Su “Hijo fiel”, a enfrentar el mal cuando toca a nuestra puerta, cuando entra en nuestras comunidades, cuando entra en nuestras leyes y país, cuando trata de consumir al mundo.

Sin embargo, debemos estar adecuadamente armados para entrar en esta guerra. Eso es esta Misión. No debemos olvidar nunca: “Que para que exista el mal, todo lo que se necesita es que los hombres buenos no hagan nada”.

Edmund Burke.
En el Manual de la Misión, hay un programa de Buenas Obras, aquellas áreas de servicio a la comunidad donde los miembros de la Misión eligen qué obras de caridad y misericordia se adaptan mejor a ellos mismos.